jueves, 5 de julio de 2012

Perspectivas de Brasil en el próximo Quinquenio


El mayor socio comercial del país atraviesa un período de aplicación de medidas de ajuste.
Haciendo foco puntual en este hecho, se han redactado análisis que despiertan incertidumbre y repercusiones en muchas estrategias locales comerciales.
Profundizar el análisis para tener una visión general de la compleja estructura brasilera, puede ser útil para entender los posibles escenarios que se le plantean a Brasil en el corto y mediano plazo; y en función de las medidas que el país vecino termine tomando, poder anticipar las posibles repercusiones en nuestra economía y trazar planes que vayan en concordancia.

La macro economía brasilera. – Una mirada general.

La performance brasilera de la última década, ya es parte del saber popular. Cualquier indicador que se tome como parámetro arrojará una cifra que denote mejoría.
A modo de síntesis, puede citarse que Brasil ha crecido de 2003 a la actualidad a la tasa de 4,3% Anual, superando la media de América Latina.

Para entender ese proceso, cabe empezar por citar que el crecimiento brasilero se explica en gran parte por los siguientes pilares:

El fortalecimiento del mercado interno que se corresponde con la 5ta población del planeta en términos de cantidad, generado mediante el gasto social e incentivos al consumo.
El desarrollo productor y exportador de comodities acompañados de una demanda que garantizó años de excelentes precios internacionales.
Un sector industrial protagonista e integrado con mega-empresas estatales, apalancado por el Banco Nacional de Desarrollo que han hecho crecer la capacidad instalada.
Una política monetaria clara y presente, que busca acumular reservas, mantener el valor de la moneda sin perder competitividad y anticipar los cambios de precios mediante metas de inflación.

Que estas medidas hayan podido implementarse se sustenta en motivos estructurales, dado que brasil sostiene una política de perfil desarrollista desde los años 60 que ha generado una clase empresaria arraigada en San Pablo; y en motivos circunstanciales, como ser el acceso a la economía de mercado de países como China e India, y por ende el elevado del precio de los bienes exportables que se registró en los últimos 10 años. Pero cabe también destacarse el rol político de un país que, aún con matices, ha podido mantener una línea general de política económica poco tendiente a vivar hacia los extremos como puede observarse en otros casos de America Latina.

El costeo del modelo, se ha sabido financiar mediante la recaudación fiscal (vía mercado interno) donde en varios ejercicios ha arrojado superávits; la balanza comercial (en el último año Brasil tuvo un saldo positivo de 30.000 millones), y en la entrada de capitales especulativos (dado que sostiene tasas muy por encima de la media mundial, debido a su nivel de endeudamiento), siendo éste quizás el posible talón de Aquiles del modelo y una de las principales a amenazas que suele presentarse.

Brasil transita un camino de gasto público fuerte, desarrollo industrial con soporte del estado, una política monetaria activa que se financia mediante las tres fuentes clásicas, y pone especial atención en controlar en nivel de precios general, por ende la competitividad de su moneda, y por ende el nivel de endeudamiento, siendo éste el punto donde el sistema arroja el peor costo.

Es en este esquema donde Brasil regula la economía mediante las dos instituciones clásicas:
El Banco Central, que busca garantizar el valor de su moneda, la cuál se revalúa mediante la entrada de capitales y en función de eso el Banco interviene buscando que su valor no quite competividad a las exportaciones. Y mediante su política de metas de inflación que le permita mantener una inflación controlada (en 2011, osciló entre el 6 y el 7%).
Y el ministerio de Economía que busca garantizar el superávit fiscal, sosteniendo un gasto fuerte y aplicando medidas que incentiven el consumo y la inversión.


Las amenazas y posibles certidumbres del largo plazo.

En la actualidad, las palabras asociadas con amenazas son Inflación, Endeudamiento y Corrupción.

A pesar de evidenciarse un aumento de 2% en el último período respecto a la inflación de 2010; ésta todavía se encuentra dentro de parámetro manejables en términos teóricos y en consonancia con las metas que fija el Banco Central.
Medidas anticíclicas como las anunciadas en el inicio de este año relativas a recortes de presupuesto, van en coincidencia con la tendencia de lograr contener el nivel de precios.
Algunos analistas asocian el enorme progreso brasilero con la suba de precios en el mercado inmobiliario debido a programas de vivienda estatales como ser “Minha Casa, Minha Vida”; alertando sobre una posible crisis de tipo sub-prime, sin embargo ni el nivel de demanda explica la performance de precios, ni el grado de endeudamiento interno por crédito hipotecario sobre el PIB (4%) puede implicar una situación como la vivida en otras latitudes (el mismo indicador en USA era antes de la crisis 65%), por lo que aún en ese caso parece poco probable que tambalee el sector financiero.

Sabido es el enorme gasto que se presupuesta erogar para la realización de la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016, donde también se espera recibir grandes beneficios; pero suele citarse el gasto a encararse en estos años  por los graves antecedentes de corrupción que salpican las administraciones brasileras.
La amenaza tiene que ver con la crisis política que podría cercenar el capital político de Dilma Rouseff y de la clase política en general.

El foco de mayor peso relativo, respecto a los puntos flojos del modelo brasilero, que conlleva una amenaza de mediano plazo, es el nivel de endeudamiento que soporta Brasil y el pago de intereses correspondientes que se condice con los más altos del mundo.
La economía Brasilera, pese a su acumulación de reservas sigue sosteniendo un nivel de endeudamiento que presenta un grado de vulnerabilidad económica plausible (62% de su PBI).
La profundización de esta tendencia podría hacer tambalear u modelo que todavía depende en gran medida del precio internacional de las comodities y presenta compromisos de gastos futuros muy anunciados.
El contrargumento con el que suele sustentar su estrategia el gobierno central tiene una palabra clave, el petróleo.

Brasil espera convertirse en uno de los 5 principales productores de petróleo para fines de 2020. Si se cumple con el ambicioso programa que anunció Petrobras, pasar de exportar 520.000 barriles diarios a 1.600.000  de barriles diarios, definitivamente podrá lograrlo.
Las primeras estimaciones de reservas de crudo detectadas frente a Rio de Janeiro hablan de 50.000 millones de barriles.
Dilma Rouseff sueña con poner en marcha una empresa mixta, capaz de liderar la producción brasilera de petróleo frente al mundo, buscando instalar una línea de bandera en el mercado mundial, y fiel al mandato político, lograr transformar el brusco cambio de financiamiento en Inflaestructura industrial, Educación, Salud y servicios sociales.

La oscilación particular dentro de un marco general.

El recorte del 3% de presupuesto que instrumenta el Ministerio de Hacienda, que totaliza 55.000 millones de reales (30.000 millones de dólares); busca dar control al nivel de precios y garantizar el superávit fiscal del ejercicio, (objetivo común de la última década en Latinoamérica).
Interpretar la medida como señal de freno de la economía brasilera, conlleva el riesgo de no percibir el aumento en el nivel de actividad generado por las otras señales que se han citado.
Por su parte, otra señal que mantiene atenta a la administración central brasilera, tiene que ver con la pérdida de competitividad de algunas de sus exportaciones explicado en el tipo de cambio.
Ejemplos en éste sentido, son el saldo negativo que arrojó el mercado automotor en términos de balanza de pagos; resultado que no acontecía desde mediados de los años 90.
Ante esto el Banco Central intervino sobre el tipo de cambio, y desde los organismos de gobierno se busca garantizar un 65% de valor regional en la producción automotriz.
Funcionarios de Argentina y Brasil, así como empresarios y analistas, ponen el foco el los desacoples que estos cambios de estructura pueden provocar en el Mercosur.
Se señala como escenario paradójico el que hecho que ante una devaluación del Real, buscando mantener la competitividad local, puede resultar inundado el mercado argentino de productos brasileros; pero si su moneda gana valor, vuelve a presentarse un enorme poder de compra de activos por parte de Brasil como ya pasó en el inicio de la década, que puede conllevar una compra de empresas Argentinas poco simpático para la economía local.
Estos análisis ponen el énfasis en el resultado de la Balanza Comercial entre ambos países.
Otros analistas sostienen que Argentina sostiene una cuenta deficitaria con Brasil pero superavitaria con el resto del mundo, mientra que en Brasil el proceso es diferente. Por tales motivos, proponen pensar el Mercosur como plataforma de exportación de producciones mutuas; realidad que no se ha podido todavía cumplir mas que en un pequeño grupo de rubros.